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By Pablo
Machón
Pablo Machón is a self taught, dedicated technologist.
Software libre

Software libre y política

El software libre se basa en la idea fundamental de que el progreso humano, tanto técnico como social, se beneficia del acceso libre al conocimiento, de una forma similar al tratamiento colaborativo de los descubrimientos y avances científicos.

Trasladar esta visión y sus beneficios al plano político, y por lo tanto a la «clase política», parece una buena idea. Durante años he trabajado en esa línea, mediante diferentes iniciativas y colaboraciones, primero en España y luego en varios países en Europa, Asia, África y América.

"Richard Stallman, Pablo Machón, Esteban González Pons (PP), Juan Carlos Rodriguez Ibarra (PSOE) y Carles Bonet (ERC)"
Figura 1: Richard Stallman, Pablo Machón, Esteban González Pons (PP), Juan Carlos Rodriguez Ibarra (PSOE) y Carles Bonet (ERC)

Conviene distinguir, con la máxima claridad y contundencia, entre las iniciativas para mostrar o demostrar una idea posiblemente buena a personas en posiciones influyentes, es decir, con capacidad de liderar proyectos, y el activismo político militante. Con lo primero se pueden producir avances si la idea convence por sí misma, y las personas que trabajamos alrededor de esa idea podemos obtener también perspectivas nuevas al respecto. Con el activismo militante sólo se puede conseguir, en mi opinión, un alejamiento progresivo de la realidad, la pérdida de los activos más interesantes, y un viaje sin retorno hacia el totalitarismo argumental.

Los pricipios fundamentales

Por el principio de responsabilidad única1, las actividades de una organización deberían centrarse en sus fines concretos. Por ejemplo, una asociación o fundación que decida dedicarse a la defensa del software libre debería estar centrada en eso mismo, y dejar otras cuestiones a otras agrupaciones. Dentro de esa misión, es lógico que esa organización espere de sus integrantes que utilicen software libre; es coherente con su misión. Pero no tendría sentido que exigiese, por ejemplo, que sus simpatizantes o colaboradores tuviesen una dieta baja en colesterol, o que observasen estrictamente las normas de circulación, por muy razonable que esas prácticas puedan parecer.

Esto debería ser así por varias razones: por un lado, permite a un individuo trabajar por el avance del software libre sin preocuparse por su dieta, si no quiere. Además, incluso, permitiría a personas a favor del colesterol tener un impacto en el software libre. Por otra parte, ayudará a centrar las conversaciones y proyectos en lo que a esa organización supuestamente le interesa: el software libre. También mejorará la calidad de la investigación, ya que se evitarán derivadas peregrinas como el software libre desde la perspectiva de la aterosclerosis, o el software libre y el ceda el paso en accesos a autopistas, ambas de dudoso interés y nula rentabilidad.

Quizá más importante: centrarse en la responsabilidad que le es natural, en nuestro ejemplo el software libre, ayudará a atraer y conservar a las personas más capaces e interesadas en el tema, y de este modo se logrará una mayor profundidad en la investigación, más inteligencia en la planificación del desarrollo, y más efectividad en el despliegue de esos avances; todo ello porque el planteamiento y el fondo serán de mayor calidad.

La deriva en las organizaciones

A partir de un momento dado, en la órbita de los trabajos sociales alrededor del software libre, se politizó, en el mal sentido, ese trabajo. Es cierto que no en todas las organizaciones: mención especial como excepción merece el proyecto GNU, precisamente el iniciador del software libre, aunque a menudo criticado por excesivamente purista. Quizá precisamente por ello ha sabido mantener la filiación política de sus integrantes (que es diversa) fuera del desarrollo técnico del proyecto, o al menos esa es mi percepción.

Pero otros muchos proyectos han caído en la trampa fácil. Comenzaron siendo las «charlas sólo para mujeres», «códigos de conducta», llegándose a la identificación con ciertas posturas políticas y la demonización de las contrarias, dentro de esas mismas organizaciones. Y un «ruído de fondo» en algunos prpyectos, que en la práctica molesta a quien no comulga.

Proyectos globales de conocimiento libre con dirigentes preocupados más por cuentiones de orientación y autopercepción sexual que por la difusión libre del conocimiento, hasta llegar a dar la vuelta a la idea original, forzando un punto de vista con acciones sutiles, y no tan sutiles. El resultado es que la organización se percibe ahora por muchos como una plataforma de reivindicación de una postura política, y ya no tanto lo que originalmente era. Poco a poco aparecen alternativas más centradas en la cuestión de fondo. Ya es fácil ver el principio de la decadencia, que inexorablemente, si no hay reacción, llevará al ocaso.

Muchos hemos trasladado nuestras actividades y proyectos al plano personal, más discreto pero más genuino, y nos hemos alejado de esas plataformas colectivas a la vista de esa degradación.

La deriva en los proyectos

Recientemente algunos, muchos proyectos han seguido ese mismo camino errado, autodeterminándose como defensores de todo tipo de causas colaterales e incluso sin relación alguna, de formas intensas e incluso de aspecto agresivo. Hay casos paradigmáticos como el lenguaje de programación Rust, o programas como Firefox2, etc. Es cierto que, precisamente por la naturaleza rigurosamente apolítica del software libre3, siempre se puede clonar el proyecto y continuar en otra dirección. Pero en la práctica no hay tantos desarrolladores especializados, y los incentivos son dispares. El resultado, al final, es que esos proyectos, tan especializados políticamente, interesan a menos personas, y disfrutan de un apoyo mucho más limitado (enhorabuena: objetivo conseguido). En los proyectos que dependen de la aceptación del gran público, el experimento les ha llevado a la irrelevancia; en algunos casos, incluso, a pesar de partir de posiciones privilegiadas, obtenidas cuando no había tanta tontería.

Pero el software libre es transversal

El software libre, con su definición fractal de máxima sencillez, tiene en su genial diseño la respuesta a todo esto, con total nitidez: la idea es proteger la libertad del usuario, y todo lo demás sobra.

"Pablo Machón en el ministerio de Asuntos Sociales de Indonesia"

Hubo varias peronas que intentaron pasar a la historia agregando enmiendas: uno llegó a decir, incluso, que el software libre debía prohibir su uso para propósitos militares/bélicos. Obviamente la propuesta no prosperó, pero indica lo bien que está destilada la definición del SL, la claridad de ideas de Stallman y el proyecto GNU al no caer en la trampa fácil del buenismo tendida por el proponente, y, en definitiva, mostró el camino a seguir: los principios primeros, la separación de intereses, y un idealismo práctico que no cae en chantajes, por seductores que sean los cantos de sirena.

Personalmente he encontrado políticos de todo signo genuinamente personas de la política de todo signo interesadas en el software libre. En un encuentro realizado en España llegamos a reunir a políticos de máximo nivel de representatividad, entre los que se encontraban liberal/conservadores, socialistas, comunistas, separatistas catalanes, verdes (ecologistas), etc. Todos ellos reunidos en un evento tratando el tema desde sus respectivas posturas políticas, pero encontrando en el software libre un punto común, y en conversación con filósofos, sociólogos, periodistas, y desarrolladores de software.

La moda autodestructiva de la concentración de causas

Mientras dure la moda actual de mezclarlo todo, y para utilizar un lenguaje de programación prácticamente deba aceptar posturas acientíficas sobre la naturaleza de las cosas; o se me haga comulgar con ruedas de molino; o vea restringida mi entrada a eventos en función de mi condición sexual, o se me humille al leer la descripción de esa otra moda, misión-visión-valores… he aprendido algo de la historia reciente: no voy a aceptar condiciones a mi forma de pensar; maś adelante ya será tarde. Yo sólo quería ofrecer mi trabajo a otros, y leer y usar su código. Por favor, así, no cuenten conmigo.

Hablando de género, es del gérero tonto pretender que una buena idea prospere a base de restringir el acceso y dejar pasar sólo a los miembros de una secta. Más aún si la pertenencia a la secta es imposible, excepto si no se lee el contrato, la letra pequeña. Y dice mi abogado que hay que leer lo que uno va a firmar. No, gracias. Así no vamos (juntos) a ninguna parte.

El software libre y la política

Las ideas del software libre (los programas deberían ser accesibles a todo el mundo, tanto para su libre uso como para su examen, modificación y redistribución), similares a las del conocimiento libre en uso de facto por la comunidad científica, deberían ser consideradas por todas las posturas políticas. Cualquier intento pasado o presente de monopolizar este fenómeno creando una «causa» política y apropiándose de ese activo, lleva inexorablemente a la destrucción del mismo, o, como poco, de la pérdida de una oportunidad histórica para aprovechar las ventajas que ofrece.

Mientras la visión se aclara, o por contra la situación se agota y tenemos que volver a empezar, trabajaremos con el ejemplo4, codo con codo con quienes ven clara la idea porque se han despojado de todas las interferencias (o nunca las dejaron acercarse).

Cuando se despeje la niebla, lo esencial seguirá allí; no cabe duda.

"Pablo Machón, Esteban González Pons (PP), Juan Carlos Rodriguez Ibarra (PSOE)"

"Pablo Machón icon"

Notas al pie de página:

1

El Principio de responsabilidad única (SRP) es un concepto de ingeniería del software que indica que una clase debe tener una sola responsabilidad bien definida; está basada, a su vez, en la «separación de responsabilidades» o de conceptos («separation of concerns»). La idea es que cada módulo debe centrarse en una única cuestión.

2

Escribo esto con pena y hasta dolor. Firefox es mi navegador preferido, por razones históricas pero también por razones prácticas y a día de hoy.

3

EL software libre es un sistema fractal y orgánico: pequeñas reglas de blindaje de libertades esenciales mediante la replicación de proyectos.

4

Ejemplaridad frente a activismo. La fuerza de los hechos y la convicción. El respecto al otro, y la provisión ante el propio error.